Páginas

martes, 31 de marzo de 2009

El amor del Padre - 2 de Marzo 2009

¿Puede alguien realmente comprender el amor “incondicional”? Parece que el amor que los padres tienen por sus hijos es lo más cercano que podemos ver de un amor incondicional, sin la ayuda del amor de Dios en nuestras vidas. Nuestros padres nos continuan amando a nosotros sus hijos a través de los buenos y malos tiempos, y no dejan de amarnos, aunque no cumplamos con sus expectativas para con nosotros.
Este amor es similar al amor de Dios por nosotros. Pero como lo veremos, el amor de Dios trasciende la definición humana de amor a un punto que nos es difícil entender.
Dios es Amor: ¿Cómo define Dios el Amor?La Biblia nos dice que “Dios es Amor” (1 Juan 4:8). ¿Pero cómo podemos siquiera comenzar a comprender esa verdad? Hay muchos pasajes en la Biblia que nos dan la definición de Dios del amor. El versículo mejor conocido es Juan 3:16: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Así pues, una manera en la que Dios define el amor es en el acto de entrega. Sin embargo, lo que Dios dio (o deberíamos decir, a “quien” Dios dio), no era simplemente un obsequio envuelto; Dios sacrificó a su hijo único para que nosotros, los que ponemos nuestra fe en su hijo, no pasemos la eternidad separados de él. Este es un amor asombroso, porque nosotros somos quienes escogemos estar separados de Dios por nuestro propio pecado, y aun así, es Dios quien enmienda esta separación por medio de su intenso sacrificio personal, y todo lo que tenemos que hacer es aceptar su obsequio. Otro gran versículo sobre el amor de Dios se encuentra en Romanos 5:8: “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. En este versículo y en Juan 3:16, no encontramos condición alguna de la cual dependa el amor de Dios por nosotros. Dios no dice: “Tan pronto como limpies tus acciones, te amaré”; ni tampoco dice: “Sacrificaré a mi hijo si prometes amarme”. De hecho, en Romanos 5:8, encontramos exactamente lo opuesto. Dios quiere que nosotros sepamos que su amor es incondicional; por eso envió a su hijo, Jesucristo, a morir por nosotros, mientras nosotros éramos aún pecadores. No tuvimos que limpiarnos, no tuvimos que hacer ninguna promesa a Dios antes de poder experimentar su amor. Su amor por nosotros siempre ha existido y por ello, él entregó todo y sacrificó todo mucho antes de que estuviéramos conscientes de que necesitábamos su amor.
Hemos valorado en su justa medida el amor que nuestros padres nos han brindado a través de los años?
Los he yo aceptado tal cual ellos son, como ellos me han aceptado y quieren a mi?
He sido un servidor de Cristo a través del amor y la comprensión que le brindo a mis padres?

El Señor escogió para nosotros nuestros padres, desde antes de nacer, con un propósito de vida tanto para ellos como para con nosotros; esa fue su voluntad.
Seamos mejores hijos para EL PADRE, siendo mejores hijos para NUESTROS PADRES.

Qué cosechar?
En un oasis escondido en medio del desierto, se encontraba un Viejo de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.
Su vecino se detuvo a darle de comer a sus camellos y lo vio transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
-¿Qué tal anciano? Le dijo:
-Muy bien-contestó sin dejar su tarea.
-Qué haces aquí, con este calor, y esa pala en las manos?
-Siembro dátiles-contestó el viejo.
-¡Dátiles! –Repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez-. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Dime, ¿Cuántos años tienes?
-Ochenta, pero eso, ¿Qué importa?
- Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Aunque vivas hasta los cien años, difícilmente puedes llegar a cosechar algo de lo que siembras. Deja eso y ven conmigo.
-Mira, yo comí los dátiles que sembró mi padre, mi abuelo y cada uno de mis ascendientes, a lo mejor no pensaron ellos en que hoy yo los probaría. Pero si ellos no hubieran sembrado yo ni siquiera hubiera tenido la oportunidad de probarlos.
- Tomemos en cuenta que esos dátiles fueran los valores inculcados por ellos, como el respeto, el amor, la integridad, la educación y así sucesivamente. Estos valores podrían ser tanto positivos como negativos, está en cada uno de nosotros decidir, ¿Qué vamos a sembrar?

Decía Madre Teresa de Calcuta
“A veces sentimos que lo que hacemos es una gota en el mar, pero el mar seria menos si le faltara esa gota”

No hay comentarios:

Si tienes alguna idea para compartir a través de este blog o cualquier corrección contacta a los miembros del Consejo ETCiano enviando un email a: etcsantodomingo@gmail.com