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jueves, 6 de mayo de 2010

Nazareth > Los 10 Mandamientos (2da parte)





...continuación de los 10 Mandamientos según Catecismo Iglesia Católica.
Explicación detallada de los cinco últimos Mandamientos.


Cada mandamiento quiere promover unos valores, un aspecto de la experiencia humana, un modo de vivir en plenitud nuestra condición de hijos de Dios y de redimidos por Cristo. La visión correcta ante los mandamientos me lleva a preguntarme: ¿cómo puedo vivir a fondo el amor familiar, la limpieza de corazón y el respeto a la pureza antes de casarme y después del matrimonio, la justicia social y la promoción de un orden económico que permita a todos tener lo necesario para sobrevivir?


Los mandamientos no son simples prohibiciones ni normas con las que podemos jugar para ver hasta dónde sí y hasta dónde no... Cada uno nos pone ante metas a veces difíciles, pero siempre capaces de embellecer, desde corazones generosos, un mundo que necesita testigos alegres de la vida cristiana. Un mundo por el que el Cristo murió, para que un día podamos volver a reunirnos en la Patria eterna donde podremos ser abrazados por un Padre que nos quiere con locura, y nos invita a vivir a fondo como hombres y como cristianos nuestra vocación más profunda: el amor.


A continuación una breve explicación de los cinco restantes mandamientos:


6.- No cometerás actos impuro
«El sexto precepto del Decálogo protege el amor humano y señala el camino recto para que el individuo coopere libremente en el plan de la creación, usando de la facultad de engendrar que ha recibido de Dios» En el sexto mandamiento se nos pide que seamos puros y castos en palabras y obras; y tratemos con respeto todo lo relacionado con la sexualidad.


La sexualidad es un don de Dios. ¡Agradéceselo! No es un juguete con el que puedas jugar a tu antojo. La sexualidad fue considerada por Dios como buena al crear al hombre y a la mujer, y lo sigue siendo, a pesar del desorden que el pecado introduciría en este campo, porque es constituyente de la esencia del ser humano. Y Cristo ha bendecido ese amor de los esposos, expresado con el cuerpo y a través del cuerpo. Dios en la Biblia ha expresada el amor por todos nosotros, por su pueblo, en términos de la unión conyugal entre el esposo y la esposa: “Te desposaré a mí, para siempre; te desposaré en justicia y derecho, en ternura y misericordia; te desposaré en fidelidad, y conocerás a Yahwéh” (Oseas 2, 21-22).


Aunque la sexualidad es en sí buena, querida por Dios, ha quedado profundamente perturbada por el pecado, estableciéndose dentro del hombre una especie de guerra intestina: la razón, por una parte, señala los límites, y la pasión, por otra, ofusca la mente para que salte la barrera del orden natural, violando las leyes del Creador. Por eso, necesitamos una virtud que regule y modere este fuerte tironeo: la pureza.


7.- No robarás
El séptimo dice: “No hurtarás”. Incluso los que no honran a Dios, ni santifican el domingo, que nada quieren oír de pureza moral…aún éstos reciben con satisfacción el quinto y el séptimo mandamiento, porque les gusta ver aseguradas la propia vida y la propia fortuna.
Este séptimo mandamiento te prohíbe el acto exterior de apropiarte de la propiedad ajena, y al mismo tiempo, este mandamiento encauza el principio de la propiedad privada. Y prescribe el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana en materia de bienes materiales y económicos. Además este mandamiento exige estas virtudes: la justicia, la caridad, la templanza.
El fundamento de este mandamiento, unido al décimo, es simple: la dignidad que nos identifica a todos los hombres como hijos de Dios, creados a su imagen. En manos de sus hijos, Dios puso toda la creación (“Creced y multiplicaos, llenad la tierra y dominadla”, Génesis 1, 28) para administrarla, sin que nadie tenga mayor derecho para ese dominio y uso sobre el resto de los hijos.


8.- No dirás falso testimonio ni mentirás
La Sagrada Escritura está llena de advertencias sobre este mandamiento. Se llega incluso a identificar a Dios con la verdad y al demonio con la mentira. Cristo vino a dar testimonio de la verdad. Es más, Él se autodefinió como el Camino, la Verdad y la Vida. Lo puedes consultar en el evangelio de san Juan, capítulo 14, versículo 6.
Suele decirse que el pecado es como un puñal que puede tener muy distintos tipos de hoja, pero en el que el mango casi siempre es el mismo: la mentira. Y es cierto: mentimos cuando decimos que amamos a Dios y sólo nos amamos a nosotros mismos. Mentimos cuando nos engañamos a nosotros para encontrar razones para olvidarnos de la misa dominical. Mentimos cuando justificamos nuestros pequeños o grandes robos.


Jesucristo se denomina a sí mismo “La Verdad” (Juan 14,16). No dice que es la pureza o la bondad, ni la fe, ni la esperanza. Y su misión se resume en dar testimonio de la verdad (Juan 17, 37). Su vida es idénticamente igual a su mensaje. Por eso, podemos decir, ser fiel a Cristo es ser fiel a la verdad, respetarla, propagarla, defenderla, asimilarla. Y el Espíritu Santo es el Espíritu de la verdad, y el que nos descubre la verdad del hombre y de Dios, la verdad de ti mismo. Es el que te enseña a apreciar en su justo valor las realidades de este mundo, su fugacidad, el valor de la vida ante la eternidad. El Espíritu Santo guía hacia la verdad, a quien lo escucha y pone en práctica sus inspiraciones.


9.- No desearás la mujer o el varón que no te pertenece
Si el sexto mandamiento protegía la pureza exterior del cuerpo, templo del Espíritu Santo; este noveno mandamiento nos invita a vivir la pureza interior del corazón, de donde salen todas las cosas buenas o malas, nos dirá Cristo: “De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios e injurias: Esto es lo que hace impuro al hombre” (Mateo 15,19).


Este mandamiento nos ayuda a liberar el corazón de esos deseos impuros, que tanto manchan el alma. Trata de salvaguardar la virtud de la castidad en su propia raíz, en el corazón de la persona humana. ¿Qué sería la virtud de la castidad puramente externa o superficial si no incluyese su espíritu, es decir, la opción moral por ella, los deseos y actitudes íntimas tuyas?


10.- No codiciarás
“La codicia rompe el saco”, dice el refrán. La codicia apunta al corazón, inclinado a los apegos.
Este mandamiento apunta al deseo de toda persona a ser feliz. ¿Dónde reside la felicidad? ¿En el dinero, en el tener cosas? Dios con este mandamiento quiere que busquemos la felicidad donde sí la podemos encontrar y no quiere que perdamos lo más valioso que tenemos por buscar tener más y más bienes materiales, que siempre son perecederos y efímeros.


Aunque este mandamiento está formulado en forma negativa, sin embargo entraña un contenido positivo, porque Dios te invita al desprendimiento para que tu corazón sea feliz y no sea un esclavo de los bienes materiales y económicos, sobre todo de esos dos tiranos: la codicia (deseo desordenado de riquezas), y la avaricia (deseo desordenado de conservar las poseídas).
Gracias a este mandamiento, tu corazón será libre y puro para poder amar a Dios con la plenitud que Él ha ordenado; y sabrá poner los bienes materiales en su lugar, como medios -no como fin- para obtener tu propia perfección humana y espiritual, y así conseguir la felicidad que buscas.


¿QUÉ FRUTOS EXPERIMENTARÁS AL CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS?
• Te hacen libre y te liberan de tantas ataduras y esclavitudes.
• Limpian tu corazón de deseos innobles.
• Te permiten dar a Dios lo que es de Dios, y a los demás lo que es de ellos.
• Quita fardo innecesario de tu mochila para caminar ágil hacia Dios.
• Gracias a los mandamientos puedes crear la civilización del amor, de la fidelidad, del respeto, de la justicia.
• Te llevan a la realización humana y cristiana.
• Tanta paz proporcionan al alma.
• Y te hacen vivir la fraternidad entre todos.
• Pero sobre todo, pones contento a Dios tu Padre, tu Señor, tu Amigo.


Abril 19/2010 .:. Víctor Ortiz y Ligia Elena Carrasco

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