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martes, 14 de junio de 2011

Soy un espejo de Jesús?

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” Efesios 4:31-32.


La Actitud


Si una persona tiene la actitud correcta hacia Dios y hacia sus prójimos, la santidad se manifestará en todas las áreas de su vida. Si no tiene una actitud correcta, ninguna cantidad de santidad exterior compensará por la falta de santidad interior en los ojos de Dios.

El Amor

Distingue a los cristianos verdaderos del mundo. Toda la ley y los profetas pueden resumirse en dos mandamientos: el amor hacia Dios y el amor hacia el prójimo (Mateo 22:36-40, Marcos 12:28-31, Lucas 10:27). El amor es la fuerza que nos obliga a guardar todos los mandamientos de Dios (Juan 14:15, 23). De hecho, la prueba de nuestro amor hacia Dios es cuán cuidadosamente obedecemos Su Palabra (I Juan 2:3-5). Jesús nos mandó que amáramos los unos a los otros tal como Él nos ha amado (Juan 15:12, 17). El amor hacia los demás es la prueba definitiva del verdadero cristianismo (Juan 13:34-35). Si no amamos a nuestros hermanos, entonces no amamos a Dios (I Juan 4:20-21).

La Amargura

Es algo brusco, desagradable, duro, severo, resentido, o vehemente; produce palabras ásperas y comentarios desagradables. Nunca es apropiada. Algunas personas piensan que ellos pueden dejar a un lado al hombre espiritual y dar rienda suelta a su amargura, pero, si quieren ser santos, ellos no pueden hacer esto. Aún cuando un ministro reprende a alguien, no lo puede hacer con amargura personal o con palabras bruscas, desagradables, duras, o severas. Hay un tiempo para reprender y exhortar, pero nunca con la amargura.

La Ira

Es el enojo violento, la rabia, o la indignación, y la palabra sugiere fuertemente un deseo de vengarse o de castigar. La carne siempre quiere vengarse, y a veces lo hace por medio de una exhibición de sentimientos o un comentario áspero. Quizás podemos estar en desacuerdo acerca de ciertos puntos, pero no debemos sentirnos resentidos o vengativos. En cuanto a los principios, puede ser que usted tenga la razón, pero si usted se permite a sí mismo airarse o enojarse violentamente, entonces está mal. Recuerde, “la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:20).

El Enojo

Es un sentimiento de desagrado extremo que comúnmente viene de un perjuicio o la oposición. Si es controlado y usado correctamente, este sentimiento puede ser constructivo y aun beneficioso. Por ejemplo, Jesús mostró el enojo en contra del pecado cuando Él limpió el templo de los ladrones. ¿Qué clase de enojo se permite? y ¿Qué clase no se permite? Pablo dice, “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). El enojo que hace que usted lastime a alguien o que peque en cualquier otra manera es malo, así como el que se transforma en rencor. Enojarse con un hermano sin motivo es malo (Mateo 5:22). Si hay una causa justa para enojarse, usted no debe tomar la situación personalmente, si es posible, use la fuerza emocional como una motivación de corregir el error y perdonar.

La maledicencia

Sale de un corazón perverso. Mucha maledicencia es el producto de los celos. ¿Cuántas cosas malas habla usted acerca de otros? ¿Cuántos problemas causa usted por la maledicencia?

La Malicia

Es una mala voluntad activa, un deseo de lastimar a otros. La malicia se complace o en hacer que alguien sufra o en ver el sufrimiento de una persona. Normalmente es el resultado del odio, que en los ojos de Dios es lo mismo que el asesinato (I Juan 3:15). Debemos odiar al pecado, pero no al pecador. Podemos regocijarnos cuando en ciertas áreas el pecado es derrotado, pero nunca debemos regocijarnos en los percances y los sufrimientos de otra gente, aún cuando ellos son pecadores. El amor no se regocija en la iniquidad, sino en la verdad (I Corintios 13:6).

La Envidia y los Celos
Estas emociones se asocian estrechamente con la amargura, la ira, la malicia y la disensión. La envidia y la disensión son capaces de producir cualquier y cada tipo de maldad (Santiago 3:16). La envidia y los celos consisten de una envidia de posesiones o de logros. Estas emociones frecuentemente incluyen el rencor, la codicia, y la sospecha. La envidia es una obra de la carne y nos impedirá de irnos al cielo (Gálatas 5:21, Santiago 4:5). Este espíritu aparece inesperadamente en lugares donde no debería existir. Frecuentemente hay individuos en la iglesia que se molestan cuando otras personas son usadas más que ellos en la iglesia, cuando otros reciben mas reconocimiento que ellos, cuando otros reciben ciertos favores, o aun cuando otros reciben unas bendiciones espirituales. ¡Cuidado! Esto es el espíritu de envidia.

El Perdón
Está basado en el amor e involucra el soportar el costo del error de otra persona. Significa ceder sus derechos en ciertas situaciones, y también significa ignorar ciertas cosas aun cuando usted sabe que tiene la razón. Significa que usted debe tragar su orgullo y pedir perdón a otra persona aun cuando usted siente que ellos deben pedirselo a usted. Significa literal y simbólicamente volver la otra mejilla (Mateo 5:39). Y lo mas importante es que el perdón incluye el hecho de olvidar. Algunos dicen, “Lo perdonaré pero no lo olvidaré.” Ellos deben orar hasta que puedan olvidar la ofensa; eso es, hasta retengan no más rencores en contra de nadie. Otros dicen que se han olvidado de un rencor antiguo, pero en una confrontación futura ellos lo traen al recuerdo, o quizás traen al recuerdo un antiguo error a fin de ganar una ventaja sobre alguien. Esto no es perdonar. Jesús enseñó claramente que Dios solo nos perdonará en la misma medida con que perdonamos a otros (Mateo 6:12, 14-15, 18:23-35). Si queremos ser perdonados de nuestros pecados, debemos aprender a perdonar a nuestro hermano cuando él comete un error.

Una Raíz de Amargura
Muchas veces hay gente a quien nadie puede agradar. Ellos murmuran, se quejan, no cooperan, y son obstinados. Ellos no pueden recibir la corrección sin enojarse. Ellos son entremetidos, siembran discordia entre los hermanos, son chismosos, y causan problemas en dondequiera que vayan. ¿Cuál es el problema? Puede ser que en ellos halla una raíz de amargura tal como se describe en Hebreos 12:15. “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”

No Hay Tropiezo
La actitud del cristiano verdadero resalta claramente en contraste con la raíz de amargura y todas sus actitudes resultantes. “Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo” (Salmo 119:165). El significado de la escritura en los Salmos es que nada será un tropiezo a los que aman la Palabra de Dios.

Nuestra actitud cuando somos Reprendidos
Aún Pedro y Pablo aceptaban la corrección de otros (Gálatas 2:11-14, Hechos 23:3-5). Los individuos que están opuestos al gobierno están en rumbo a la apostacía (II Pedro 2:10). Que nunca sea tan grande que no puede aceptar la admonición, la reprensión, o la exhortación. Inclusive, si usted es un creyente maduro o un ministro anciano, puede ser que podría necesitar ayuda para poder llegar al cielo. La actitud correcta es, “Gracias por tratar de ayudarme".

El Murmurarse y el Quejarse
Los que murmuran y los que se quejan son impíos según Judas 15-16. La manera cristiana de tratar con ellos es de orar los unos para los otros, animarles los unos a los otros, y exhortar los unos a los otros. Pablo dice, “Haced todo sin murmuraciones y contiendas” (Filipenses 2:14). Si usted tiene un problema con otro hermano, el método bíblico de actuar es ir al hermano con quien usted no está de acuerdo y reconciliar la diferencia (Mateo 18:15). Es incorrecto quejarse y murmurar a otros ya sea por hablar o por escribir, eso es sembrar la discordia.

Los Entremetidos
Un entremetido es alguien que tiene mucho interés en los asuntos personales de otros, uno que se entremete en los asuntos de otros, una persona que está ocupada con materias que no les deben interesar. I Pedro 4:15 nos dice que no debemos sufrir “por entremeterse en lo ajeno.” Pablo también advierte en contra de los entremetidos (II Tesalonicenses 3:11, I Timoteo 5:13). Según Proverbios 20:3, un entremetido es un insensato. Algunos pretenden saber un poco acerca de los asuntos de todos los demás. La mayoría del tiempo ellos no ayudan, pero simplemente agregan más leña al incendio. Estas personas tratan de averiguar todo lo que sucede. Sienten que son importantes y que lo saben todo. Si usted es por naturaleza un preguntón, debe dejar que el Espíritu Santo le libre de la curiosidad acerca de los asuntos referentes a las vidas de otros.

El Orgullo y los Ojos Altivos
Dios aborrece los ojos altivos (Proverbios 6:17). Él resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes (Santiago 4:6). El orgullo era el pecado que hizo caer a Satanás, y causará la caída y la destrucción de todos que lo guarden en sus corazones (Isaías 14:12-15, Proverbios 16:18). La vanagloria de la vida es una de las tres categorías básicas de la mundanalidad que tientan a los cristianos (I Juan 2:16). Juan el Bautista y Jesús predicaban sus sermones más duros en contra de la hipocresía y el orgullo de los Escribas y los Fariseos.

Las Actitudes en las Reuniones de la Iglesia
La actitud correcta es de cumplir con la decisión mayoritaria sobre los asuntos no doctrinales. Si usted tiene confianza en sus hermanos, entonces es fácil creer que Dios puede influir a una mayoría de ellos en la dirección que Él quiere que ellos tomen. Si usted ama a sus hermanos, accederá a los deseos de la mayoría. A la vez, los líderes no pueden tener una actitud de orgullo que dice, “Yo soy el líder, entonces hagan tal como yo les digo.” Pedro mismo dice al ministerio que no deben ser señores sobre los que están a su cuidado, pero deben ser ejemplos a la grey (I Pedro 5:3).

La Santidad
Un individuo que tiene una actitud humilde y está apto de aprender y tiene un deseo genuino de vivir para Dios siempre puede ser guiado a una verdad mas profunda. La santidad interior conducirá hacia la santidad exterior, pero no al revés. Muchas veces la santidad externa es la parte más fácil de obedecer, mientras las actitudes y los espíritus son más difíciles de controlar en la mente y el corazón.

La Vanidad
Vanidad es, pues, buscar riquezas perecederas y esperar en ellas. También es vanidad desear honras y ensalzarse vanamente. Vanidad es seguir el apetito de la carne y desear aquello por donde después te sea necesario ser castigado gravemente. Vanidad es desear larga vida y no cuida,: que sea buena. Vanidad es mirar solamente a esta presente vida y no prever lo venidero.

La Prudencia
No se debe dar crédito a cualquier palabra ni a cualquier espíritu; mas con prudencia y espacio se deben, según Dios, examinar las cosas. Muchas veces se cree y se dice más fácilmente del prójimo el mal que el bien.

Los Deseos Desordenados
Cuantas veces desea el hombre desordenadamente alguna cosa, luego pierde el sosiego.
El soberbio y el avariento nunca están quietos; el pobre y el humilde de espíritu viven en mucha paz. El flaco de espíritu y que aún está inclinado a lo animal y sensible, con dificultad se puede abstraer totalmente de los deseos terrenos. Y cuando se abstiene recibe muchas veces tristeza, y se enoja presto si alguno le contradice.
Pero si alcanza lo que desea, siente luego pesadumbre por el remordimiento de la conciencia; porque siguió a su apetito, el cual nada aprovecha, para alcanzar la paz que busca.

La Obediencia
Muchos están en obediencia más por necesidad que por caridad. Si Dios está entre nosotros, necesario es que dejemos algunas veces nuestro parecer por el bien de la paz. ¿Quién es tan sabio que lo sepa todo enteramente.

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